Épica del Pabellón del Desierto
BRACER
Inicios de la Capital de los Reyes
Oh, nobles caídos, escuchen a este viejo ciego. Aprendan de la lección que nos dio Gurabad, aprecien la fugacidad de las flores creadas por los humanos. Escuchen la historia del rey que nació en cuna humilde y del alienante amor y la tórrida furia que desató en la genio... Según cuenta la leyenda, después de que la amada del Rey del Desierto falleciese, eligió a la genio como enviada para firmar un pacto con los mortales. Solo alguien cuyo corazón aún no se hubiera vuelto de hierro tras sufrir infinitas adversidades, alguien que no hubiera sido corrompido por los espejismos, tendría derecho a convertirse en rey vasallo. Y entonces, gobernaría cual profeta que con su palabra guía a un confundido rebaño de ovejas. Y así fue como, bajo la misericordiosa pero estricta supervisión de su maestro, la genio encontró al candidato perfecto. Ormazd, que en aquel entonces era un joven pastor, se enamoró de Lilúpar, la nacida entre nenúfares. “Te concederé cien generaciones de prosperidad si, a cambio, me confieres una venganza mordaz y una copa carmesí de vino. Puesto que el amor de todo genio está inevitablemente ligado a la avaricia y el deseo, al final siempre culminará en una venganza justa”. Sin embargo, bajo el embelesador haz de luz argento de la luna, Ormazd no consideró aquella advertencia con seriedad. Sentía como si aquel castigo que le estuviera predestinado en un futuro remoto, en un momento alejado de su intrépida juventud presente. Con la ayuda de la genio, el joven pastor se convirtió en el líder de una tribu nómada. Con el paso del tiempo, Ormazd derrotó a sus divididos rivales y acabó siendo coronado rey vasallo. Gurabad floreció cual flor creada por los humanos en la pared de un peñasco, y así se convirtió en la capital de los mortales. Y así, el pastor Ormazd se convirtió en el rey vasallo de los mortales, aquel que actúa en nombre del Soberano de las Arenas Escarlatas. Y mientras todo el mundo se deleitaba con el dulce aroma de las flores que acababan de florecer, nadie se percató de algo. Que detrás de aquel hermoso florecimiento se escondía el amargo destino de una muerte violenta. Guiándose por los sucesos del pasado relatados por su maestro, Xifos emprendió su travesía hacia la Ciudad de los Zafiros. Las lecciones del ayer que quedaron enterradas bajo las dunas doradas volverán a repetirse mañana junto al infinito viento del tiempo.
