Flor Olvidada del Paraíso
BRACER
Esplendor de la Dama Luna
En un pasado que solo las genios pueden recordar, los cielos abandonaron a la Maestra de las Flores. De su noble y bello cuerpo no quedó más que una ruina irreconocible, y los suyos fueron despojados de su sabiduría y discernimiento como castigo. Cuenta la leyenda que la Maestra de las Flores deambuló por páramos durante setenta y dos noches. De sus talones, lacerados por la cruel grava, brotaron límpidos manantiales que se convirtieron en arroyos desbordantes. Luego, esos arroyos regaron los verdes vergeles, en los que florecieron lotos de nenúfar de un azul oscuro como el cielo de la noche. Los nenúfares son las madres de las genios, las cuales nacieron de sueños embriagadores y amargos recuerdos de pérdida. Las primeros genios eran criaturas de gran sabiduría que se complacían sin excepción en sueños inocentes y en un amor tan dulce como sus ensoñaciones. Para agradecer a su creadora, las infantiles genios la tomaron del brazo y la engalanaron con una corona de crisantemos silvestres. “Oh, gran Maestra de las Flores y de los Vergeles, le rogamos que se quede. ¡No nos deje, por favor!”. “Sí, por favor, madre de los sueños, esposa del licor y del olvido, le imploramos que sea la reina de este vergel”. Y así, retenida por la dulzura de las genios, la diosa exiliada se quedó en el jardín florido. Allá por donde pisara, brotaban hermosas flores de un color malváceo como el de una noche de luna, a las que llamaron “orquídeas padishá”.
