Réquiem del Corredor
BRACER
Canción Reverberante del Corredor
Siguiendo las indicaciones de su maestro, la joven se dirigió hacia el norte, atravesando las gélidas tierras congeladas y los corredores de espejos rotos que había al final del mar de hielo. Derrotó a innumerables monstruos que merodeaban por las ruinas y vislumbró el tesoro oculto bajo la nieve en los restos del árbol plateado. En aquella época, la argéntea luz de la luna aún no se había hecho pedazos en la conflagración, y las profecías del cielo todavía estaban extendidas por la tierra. El joven que llegó a las profundidades de la tierra se encontró con el primer ángel y le preguntó sobre el origen más prohibido de este mundo. La hija nacida en el alba se estremeció ante tal irreverencia y preguntó al joven cómo podía conocer tal secreto. Entonces, el visitante le reveló sin tapujos sus orígenes y le cantó una canción que trataba sobre un hermoso sueño que nunca había visto. Las cadenas que le había colocado quien gobernaba desde el trono real se rompieron al instante como una telaraña, y por primera vez entendió lo que era ser sirvienta de sí misma. Así pues, le contó sin ningún reparo a quien amaba todo lo relacionado con el tema prohibido de la creación, el cual formaba parte de los secretos más impronunciables. “Me acongoja pensar que quien los gobierna blasfemara de tal manera a estas nobles criaturas. Incluso un vil demonio que tortura almas por diversión quedaría estupefacto ante semejante atrocidad. Oh, joven del alba que no sabe lo que es el amor, me convertiré en el enemigo de tus leyes. Las criaturas a las que aprisionó quien te gobierna deberían alzar la cabeza para contemplar las estrellas”. “Así pues, déjame ser tu espada, tu escudo, tu guía y tu cómplice imperdonable”. El ángel más distinguido de todos se inclinó para besarle la frente, y del frío árbol plateado brotaron innumerables flores de escarcha. Las lunas celestiales, que en ese momento estaban contemplando la tierra desde un hueco entre las nubes, fueron testigo de esta traición y en ellas nació un mayor deseo de usurpación...
