Letanías del Lejano Norte
Content
Letanías del Lejano Norte (I)
Poema introductorio ¡Oh, labios, tejan para mí salmos y cantares! Entretejan advertencias y relatos del Lejano Norte. Hace ya mucho que dejé mi tierra, mucho que me alejé de mi hogar, vago por un reino que nadie conoce, errante en parajes áridos y extraños. Solo las profundas aguas abrazan la desolada tundra; junto a los mil lagos, solo las ondas de nieve se atreven a danzar. Aun así, la luz de la luna sigue iluminándome, y el viento acaricia mi rostro. Quiero cantar el origen de la tierra bajo la luna, y recitar versos que destierren el mal, quiero elogiar las aguas que corren sin descanso, y alabar las montañas que se alzan sin fin. Quiero loar la nave de bronce de Seutervoinen, y las flechas doradas de Iänikuinen. quiero maldecir las artimañas venenosas de Pakkaisukko, y reprender las calamidades de Pohjola. Mis letanías son la palabra sagrada del cielo; los enviados de los dioses se las cantaron a mis ancestros. Pero el destino es, al final, un sueño fugaz, y la sombra de la muerte cubre los ojos como agua cristalina. Mientras la luna vacía siga prisionera en lo alto, no podré volver a mi amado hogar, donde la luz dorada se posa en las copas de los pinos y las plateadas estrellas del alba brillan entre las ramas. Oh, jóvenes descendientes de Hiperbórea, graben mis letanías en su corazón: No codicien seguir el camino del astuto zorro, no anhelen la orgullosa autoridad del gran oso. Mientras las letanías y los runos sigan sonando, el reino del Lejano Norte vivirá para siempre. Letanía I: Pitkamoonen, el Señor de las Siete Calamidades (Solsticio de verano. Se quema el primer haz de trigo cosechado y se ofrece una gallina, un toro y hiel de serpiente en peso equivalente al trigo, junto con siete copas de ████ llenas de la sangre de ██. La suma sacerdotisa entona el runo siete veces y realiza una lectura adivinatoria de entrañas animales para calmar a los dioses.) Oh, supremo Señor del Cielo, inmisericorde e indómito padre de todas las cosas y madre de todos los dioses: Te ofrecemos estos sacrificios para calmar tus celos, para que no descargues tu furia sobre la tierra. Tú, que tienes alas, cambiante y terrible, rey que arrasa las naciones, deidad con un corazón de piedra... Oh, divinidad de género indeterminado, te pedimos que te alejes de la tierra de los mortales y de los vástagos del Lejano Norte. Tú, que destruiste el orden de las leyes antiguas, que das amparo a los mortales y les ██... Tú, que sacudes las moradas de los inmortales, ██ sus alas y su ██. Eres el dios de la retribución, el dios que no olvida agravios; tu voluntad, bajo la luna, es ley inquebrantable. Tu espada ██ en el cielo y en la tierra, y bebes ██ de los culpables y los inocentes hasta que se agota. Rey ██ y ██, ante ti los dioses son mortales, y los mortales, hormigas. Nadie osa pronunciar tu nombre, pues ██ a todo aquel que lo sepa. Pero, oh, dios puro e iracundo, acepta con benevolencia nuestras ofrendas. Que la luz de la Luna Escarchada nos proteja de tus calamidades y nos libre de un final de dolor eterno. (Nota de la sacerdotisa Ehrnrooth: Este ritual se abolió hace quinientos años según las órdenes de la primera Cantalunas, Aila. Cabe señalar que las partes ilegibles de esta letanía no parecen haber sido borradas intencionalmente. Si los registros son ciertos, el rito exigía que la suma sacerdotisa pronunciara estas frases de forma ambigua, supuestamente para no provocar la ira del dios de las Siete Calamidades.) Letanía II: Maadteraahka, la Madre de la Vida (Nacimiento de un bebé. Se ofrece una pizca de sal marina a la piedra sagrada. Una sacerdotisa ayudante o de rango superior entona el runo cuatro veces y lava al recién nacido con agua tibia en la que se infusionó la hierba invernal.) Escucha mis palabras, venerable Maadteraahka, madre de dioses y mortales. Desde Hiperbórea hasta Sal Vindagnyr, tu amor sagrado es venerado por todos. Proteges a las mujeres jóvenes, disipas su dolor y otorgas partos seguros. Te regocijas en la vida que se multiplica; concedes vida en el mundo sublunar y nutres la naturaleza. Madre de las aguas profundas, diosa que dio un corazón al rugiente mar primordial... Las aves, las bestias y los peces bajo la luna son tuyos, pues tú les diste la vida. Con tu voluntad sagrada le das forma a la carne, como el alfarero que amasa la arcilla. Por eso te ruego: concede a este recién nacido salud, valor y sabiduría. (Nota de la sacerdotisa Ehrnrooth: Este ritual se abolió hace quinientos años según las órdenes de la primera Cantalunas, Aila. Desde entonces, una sacerdotisa ayudante o de rango superior le recita a cada recién nacido: “Que la Luna Nueva ilumine tu camino”, para protegerlo de la impureza del mundo sublunar.) Letanía III: Tuonetar, la Madre del Inframundo (Cosecha de otoño. Según la posición social del difunto durante el año, se ofrecen sacrificios animales equivalentes, colocados en barcas de madera tallada o de bronce para ser quemados. Los animales deben ser preparados de antemano, y una sacerdotisa ayudante o de rango superior les extrae los ojos para ofrecérselos a la Reina del Inframundo. La suma sacerdotisa cubre sus ojos con un tejido oscuro, entona el runo cuatro veces y realiza una lectura adivinatoria de entrañas animales para complacer a la deidad.) Oh, señora de los muertos, diosa imperturbable y sin expresión, Tuonetar, Madre del Inframundo oculta en las sombras, silenciosa y solemne, temida y sagrada. Tú, que detestas a los arrogantes y a los irrespetuosos, nadie escapa de tus garras. Tus pasos cruzan tanto humildes chozas como tronos dorados. Te temen porque ves, oyes y juzgas todo. Te veneramos porque aceptas, abrazas y recibes todo. El destino final de cada ser está en tus manos, y ningún ruego llega a conmoverte. Pero, oh, majestuosa y noble diosa, sabemos bien de tu naturaleza compasiva y bondadosa. Así como concediste a los ancestros de nuestros ancestros la liberación, en lugar de prolongar su sufrimiento. Oh, señora de la muerte, tú que conoces el destino de toda vida bajo la luna, recibe nuestras ofrendas. Los vástagos del Lejano Norte te ruegan, ahora que la sangre dorada ha vuelto a tu regazo... Guíalos a través del oscuro río del Inframundo para que duerman por siempre en un sueño sin sueños. (Nota de la sacerdotisa Ehrnrooth: Este ritual se abolió hace quinientos años según las órdenes de la primera Cantalunas, Aila. Sin distinción de rango, todo seguidor de la Luna Escarchada es despedido con un funeral sencillo, en el que una sacerdotisa ayudante o de rango superior recita: “Que la Luna Nueva te guíe hasta la orilla donde te aguarda la paz”.) Letanía IV: Laimelea, la Madre del Tiempo (Solsticio de invierno. Se quema un tejido en el que se registraron todos los eventos importantes del año, y las brasas se colocan en una copa de plata llena de agua pura. La suma sacerdotisa entona el runo cuatro veces y, en el momento en que el viento empieza a soplar, riega la Espiga de la Arboleda con agua bendecida para agradar a la deidad.) Oh, Madre del Tiempo, eterna y pura, soberana que nunca nació y nunca morirá, tú, que eres la fuente de la creación y destrucción de todo, tú, que recuerdas todas las cosas y que lo llevas todo al olvido. Tú, diosa que al recibir la vida se dio a sí misma el don de existir, tú, madre suprema. Eres la quietud que habita en medio de todo lo que fluye, y la única foránea en el patio de los dioses. Que tu bendición proteja a las cuatro lunas prisioneras... Que tu bendición proteja a las cuatro lunas prisioneras. Eres la única foránea en el patio de los dioses, el movimiento que se esconde en la quietud. Tú, madre suprema, tú, que al recibir la vida se dio a sí misma el don de existir. Tú, que devuelves todo al olvido y lo recuerdas todo, fuente de toda la destrucción y la creación. Soberana que nunca morirá y nunca nació, eterna y pura Madre del Tiempo. (Nota de la sacerdotisa Ehrnrooth: Esta plegaria carece de un significado claro, y el ritual descrito contradice los registros históricos, puesto que la Espiga de la Arboleda es el árbol sagrado que nació junto con la Doncella Lunar hace quinientos años, por lo que no debería mencionarse en ceremonias anteriores a esa fecha. En las fuentes confirmadas no existen referencias a este rito. Se presume que hubo un error al realizar la copia, pero para preservar la fidelidad del registro, el texto no ha sido modificado.) Letanía V (Vacío)
