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Notas con caligrafía descuidada (I)

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Notas con caligrafía descuidada (I)

... Acompañé a la caravana hasta la Isla Hiisi. Allí conocimos a un grupo que se hace llamar “Descendientes Lunaescarcha”. Según Danil, son seguidores de la Doncella Lunar, y su forma de ver el mundo... digamos que es bastante peculiar. Por ejemplo, la mayoría de ellos rechaza cualquier mecanismo que funcione con kuuvahki, pues consideran que es un abuso de la bendición sagrada de su diosa. Por eso, mientras estuvimos en la isla, no tuve que ocuparme de reparar ninguno de sus artilugios, tan solo me preocupé de realizar las tareas de mantenimiento de nuestros propios mecanismos. Para mi sorpresa, una niña de unos diez años se me acercó a escondidas mientras descansaba. Me pidió que le hablara sobre principios básicos de mecánica. Supongo que temía que los demás se enteraran, porque nunca me dijo su nombre, ni cuando nos despedimos. La pequeña era inquieta, pero estaba llena de curiosidad y talento. Aprendió con rapidez todo lo que le enseñé. Lástima que los Descendientes Lunaescarcha jamás permitan que alguien como ella manipule mecanismos abiertamente. Le dejé algunos manuales técnicos que había conseguido en intercambios con otros mercaderes (Danil había llegado a pensar que esos libritos me ayudarían a recuperar la memoria). Espero que así logre calmarse y que le sirvan para aprender conocimientos útiles. ... ... Esta vez me quedé en la Villa Nasha más de lo planeado. Es la primera vez que me separo de la caravana tanto tiempo. Parece que Danil y Demyan se conocen bien: apenas intercambiaron un par de palabras y, de inmediato, Demyan me ofreció alojamiento junto a su propia casa. Mientras la caravana regresa desde Snezhnogrado, me tocará quedarme aquí, pero él no parece molesto en lo más mínimo. Incluso acabamos hablando largo y tendido sobre máquinas, empezando por explicarme el origen del nombre “Padre Tuerca”. Ahora que lo pienso, seguro que lo hizo para darme un tema con el que pudiera desenvolverme cómodamente. No es de extrañar entonces que, siendo tan joven, haya logrado llevar por si solo el Buque Insignia en un lugar como este. Antes de partir, Danil me preguntó si quería acompañarlos hasta Snezhnogrado o Novokitezhgrado. Ya que mis técnicas provienen de allí, tal vez podría hallar pistas sobre mi pasado y esa identidad que olvidé... pero el temor me paralizó. No sé qué es lo que me da miedo... Puede que esté relacionado con la pérdida de memoria o con el accidente... Danil tomó la decisión por mí al verme dudar tanto. Se hizo cargo de todo, como ya ha hecho tantas veces antes por mí. Las desgracias del pasado carecen de explicación para mí, puesto que no recuerdo nada. Pero conocer a Danil y al resto de la caravana ha sido, sin duda, un golpe de suerte. Si no fuera por ellos, habría muerto en aquella aguas. Me acogieron cuando no tenía nada, y aun así, a penas tengo algo que ofrecer a cambio... ... ... En la Villa Nasha hay muchos niños. No me atrevo a imaginar su situación. Al igual que yo, quizá tampoco necesiten lástima ni compasión. Incluso escribir esas palabras me trae a la mente la imagen de alguien arrogante. Aun así, me alegra que al menos se interesen por mis historias, o tal vez por los dulces que les llevo. Es un truco que aprendí de Danil: siempre llevo caramelos en los bolsillos, “por si acaso”. Entre los niños, hay una que muestra un gran interés por las herramientas que siempre llevo a la cintura, mucho más que por cualquier historia sobre las snegúrochkas. Cuando le pregunté si le gustaría probarlas, se le iluminó la mirada. Katya, la jefa del Speranza, cuida muy bien de los niños la mayor parte del tiempo, así que nos dejó algo de espacio para que pudiera explicarle a la niña, Aino, las técnicas que tan bien conocía: el arte de comunicarse con las máquinas. Parece que, al igual que yo tuve suerte cuando Danil y los demás me acogieron, estos niños han encontrado su propia suerte. Ay, incluso en un mundo repleto de tragedias terribles, hay mucha gente de buen corazón... Pronto descubrí que Aino no solo tenía curiosidad, sino también un talento increíble. Le mostré cómo distinguir el material de los engranajes, cómo calibrar un manómetro o ajustar una válvula de seguridad. Aprendía más rápido que nadie, y lo mejor era que sabía sacar nuevas conclusiones de lo que aprendía. Verla trabajar con esas herramientas que apenas podía sostener, convirtiendo piezas sueltas en un mecanismo funcional, me llenaba de orgullo. Es como un diamante sin pulir, pero que ya deja entrever su brillo único. Ahora que Danil y los demás han regresado a la Villa Nasha desde Snezhnogrado, es hora de ordenar mis pertenencias y partir con la caravana. Lástima que no pueda quedarme más tiempo... ...

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