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Notas de Auni

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Notas de Auni

La familia del abuelo Topo vive en una cueva profunda en el Desfiladero de los Topos, un lugar húmedo que huele a raíces viejas. La vida en un lugar así era tranquila y serena antes de que los ruidosos gigantes trajeran todo ese metal al desfiladero. Por la noche, cuando los gigantes se van, la familia Topo sale a buscar comida o a jugar con las luciérnagas lunares. La pequeña Topo prefiere la luna a las lakkas y las luciérnagas lunares. La luna que brilla sobre el Desfiladero de los Topos es grande y reluciente como un enorme plato blanco en el cielo (Jurva dice que los topos olfateadores no ven bien pero que tienen un potente sentido del olfato y el oído. Tal vez la pequeña Topo puede oler la luna, incluso desde tan lejos. Quizá su aroma es tan fragante como las lakkas más dulces...). En las noches en las que la luna brilla con especial ahínco, es capaz de vislumbrar unos topos sin sombra que se mueven bajo la luz de la luna, como el humo que se disipa al viento. Hablan entre ellos, pero nunca dejan que la pequeña Topo se una a ellos. Es como si ni siquiera pudieran verla. Tal vez se deba a que ella aún tiene sombra. Ha oído que hay misteriosas asociaciones que tienen sus propias reglas secretas (como la Sociedad Oculta)... Puede que necesite ser presentada por un topo sin sombra, o quizá deba completar algún tipo de ritual arcano antes de poder hacer algo más que limitarse a escuchar desde un lado. Aunque, en lo que respecta a la pequeña Topo, escuchar sus conversaciones ya es muy entretenido. Uno de los topos olfateadores vino de fuera. Parecía que no tenía un hogar, así que podía descansar allá donde quisiera. Afirma que ha estado en montañas cubiertas de nieve, que ha atravesado desiertos de arena, escalado los picos más altos y caminado por el fondo de los mares más profundos. “¿Hay lakkas frescas en esos lugares?”, le preguntó uno de los topos del lugar. “No que yo sepa. Pero tienen otras alternativas”. Al escuchar su respuesta, el topo lugareño hizo una mueca. Parece que las lakkas le gustan bastante. A la pequeña Topo también le encantan las lakkas, pero quiere probar esas otras alternativas que mencionó el topo sin sombra. Ya había abandonado el Desfiladero de los Topos una vez para ir de aventura, cavando bajo tierra durante un largo tiempo hasta alcanzar un lugar lleno de tipos malos. Lo hizo durante la noche, pero había tanto ruido y tantas luces que apenas pudo seguir la dirección de la luna. Percibió gran variedad de olores, aunque la mayoría de ellos no eran agradables. Al final, siguió el familiar aroma de las lakkas hasta un lugar con montones de frutas apiladas en el que encontró muchos tipos que no había visto antes. Tenían un olor delicioso. Le habría gustado llevarse unas pocas consigo, tan solo un puñado, pero aquel no fue su día de suerte. A veces las cosas funcionan así. Al regresar al Desfiladero de los Topos, todos estaban muy preocupados por ella. Cuando se enteraron de que había ido tan lejos por su cuenta, quedaron sorprendidos. ¿Acaso la vida en el Desfiladero de los Topos no era perfecta? ¿Por qué ir a otros lugares? Entonces, la pequeña Topo les contó lo que les había oído decir a los topos sin sombra. “¿Cómo va a haber topos sin sombra? ¿Acaso estás soñando?” Eso fue lo que le dijo su hermano Topo, incrédulo. No le parecía bien que su hermana pequeña hubiera salido del desfiladero, y los demás compartían su opinión. Después de todo, ninguna otra fruta de este mundo podía ser tan deliciosa como una lakka fresca. Si no volvía a ver a los topos sin sombra durante la próxima noche en que la luna brillara con fuerza, se tomaría todo aquello como un sueño. Al fin y al cabo, la pequeña Topo estaba feliz con su vida en el Desfiladero de los Topos. Pero la siguiente ocasión en que aquel enorme plato blanco se alzó en el cielo, los topos sin sombra se levantaron con él, repitiendo las mismas conversaciones que habían tenido antes. Como aquello no era un sueño, debía significar que la luna la estaba guiando. La pequeña Topo se puso muy contenta. Bajo el fulgor de la luna, volvió a partir en solitario, dejando el Desfiladero de los Topos atrás. No sabía cuándo regresaría, pues tal vez encontraría algo más delicioso que las lakkas frescas en las montañas nevadas, los desiertos de arena o cualquier otro lugar al que nunca antes hubiera ido.

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