Biografía de Alain Guillotin (edición revisada de tapa dura)
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Biografía de Alain Guillotin (edición revisada de tapa dura)
... Capítulo VII: Guillotin en su vejez “Nadie puede saber la causa de cada incidente que ocurra en el mundo. Los humanos no son ni lo suficientemente sabios como para predecir el futuro ni capaces de detener los desafortunados accidentes. Es una pena. No tengo más que decir”. —Alain Guillotin, en respuesta a la pregunta sobre sus años mozos que le hizo Nellie Cochran, editora jefa de «El Pájaro de Vapor» Tras jubilarse del Instituto de Ciencias de Fontaine, Guillotin rechazó toda invitación del Palacio Mermonia y asociación con la Corte de Fontaine. Al contrario, se retiró a una vida de casi total aislamiento en la zona rural del Condado Berilo. No obstante, incluso antes de todo esto, el anciano ermitaño nunca había formado ninguna relación profunda con los demás. Si seguimos las palabras de la Sra. Nellie Cochran al pie de la letra, resulta que Alain Guillotin era en el fondo un lobo solitario que siempre había cargado con graves inseguridades. Era por ese mismo motivo que había mantenido una actitud de distanciamiento con respecto a los demás, como si al fingir ser poco perceptivo, pudiera lograr ocultar la verdadera sensibilidad de su ser. No pudo aliviar su propio dolor ni compartirlo con nadie, así que tuvo que limitarse a encerrarlo como una perla en el interior de su corazón, dándole forma y puliéndolo con su propia sangre. Por supuesto, los alumnos de Guillotin no aceptarían tales afirmaciones, y dirían que no son más que sinsentidos que buscaban llamar la atención y ensuciar la reputación de su maestro. Esta es la principal razón por la que Rogier Cotes, el tercer director del Instituto de Ciencias de Fontaine, presentó una demanda contra «El Pájaro de Vapor»... Nunca contrató a ningún criado para que se ocupase de sus necesidades diarias. Se oían rumores de que, en su juventud, había creado un dispositivo mecánico capaz de pensar de forma independiente, y que lo había usado como ayuda en su trabajo con Marianne Guillotin en la Gendarmería Fantasmal. Gracias a esto, no requería ningún criado, pues tan solo necesitaba crear más dispositivos similares. Sin embargo, tales afirmaciones estaban lejos de la realidad: los efectos personales que Guillotin dejó atrás tras su muerte no incluyen nada de tal naturaleza, y algo como “dispositivos mecánicos capaces de pensar de forma independiente” sería completamente inconsistente con las ideas que expresó en sus manuscritos. Como escribió en «Máquinas de cómputo jerárquicas e inteligencia»: “... La verdadera pregunta no es si las máquinas pueden pensar, sino si los humanos pueden hacerlo...”. (Editorial de Filosofía Natural e Ingeniería de Fontaine, tercera edición, sección 13, página 5). Tenemos muchas razones para pensar que cualquier artefacto que inventara Guillotin en su taller durante su vejez fue destruido hace tiempo. Después de todo, no es poco común que un ingeniero descarte sus propios diseños. La ficción popular ofrece muchas imaginativas salidas para estos artefactos, pero dichas historias contradicen las pruebas que lo sobrevivieron. No obstante, debemos reconocer que el trabajo póstumo de Alain Guillotin, como símbolo cultural, ha sido instrumental a la hora de hacer volar la imaginación de los jóvenes... ...
