Salvado{F#ra}{M#r} que reforja el mundo
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Capucha {F#de la}{M#del} salvado{F#ra}{M#r}
La niebla nocturna de Oronix se enreda en las ramas del laurel,
mientras {F#la heroína salvadora}{M#el héroe salvador} cae en una caja negra hacia el Abismo del Destino desde más allá del cielo.
{F#Ella}{M#Él} vino en respuesta al oráculo, pero en ese entonces los sacerdotes temían hablar de lo que había más allá del cielo.
"No hables del cielo en voz alta, pues el receloso Aquila nunca duda en castigar con su Trueno Solar".
Al oír estas palabras, {F#la confiada}{M#el confiado} salvado{F#ra}{M#r} respondió furios{F#a}{M#o}:
"Profeta de desastres, ¿nunca has considerado que los dioses también deberían temer el castigo de los hijos de la humanidad?".
Sobre las murallas de la polis, {F#la}{M#el} salvado{F#ra}{M#r} fue testigo del amanecer rosado que se alzaba en el horizonte,
"Primero está Nikador, quien empuña el Conflicto.
Ojalá que lo que gane sea gloria, y no locura".
{F#La}{M#El} salvado{F#ra}{M#r} se quitó la capucha y arrojó una lanza,
su veloz sombra, como la de un lobo solitario a principios de primavera, se precipitó hacia Castrum Kremnos atravesando calles y callejones.
"¡En el nombre de Mnestia! Si los hilos del destino se han roto, yo reescribiré la historia".
A lo lejos resonó el rugido del rey loco, con esa lanza anunciando su partida antes que sus propios pasos.
"Mis compañeros, los Herederos de Crisos, me esperan en este viaje. Debo partir ahora".
Los sacerdotes de Jano miraron el cabello suelto y gris {F#de la}{M#del} salvado{F#ra}{M#r} y gritaron de júbilo,
regocijándose como plantas secas que al fin reciben nutrientes.
