La Era de la Grasa Flotante
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La Era de la Grasa Flotante
En la era en que los montes, los ríos, el sol y la luna flotaban como grasa a la deriva, el oscuro firmamento aún no tenía su nombre. Una enorme ballena, más antigua que los dioses, encalló en la playa de estrellas y de allí brotó un árbol. Los humanos eran la tierra, el fango que temblaba, nacido de la sangre inmunda. Contemplamos la pureza inmaculada de la nieve, buscamos espejos y afeites, carmín, vestidos, joyas y pelucas. En la era en que los montes, los ríos, el sol y la luna flotaban como grasa a la deriva, encendimos luces engañosas sobre la tierra muerta y adornamos el pantano de cañas podridas como un cielo de luciérnagas. En la era de la grasa flotante, la historia ya se había corrompido. En la era de la grasa flotante, las palabras más exquisitas aún no habían nacido de nuestros labios.
