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Carta de una noche de verano

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Carta de una noche de verano

Para Olmo, estudiante de la clase 3 de tercero ¿Cómo estás, Olmo? Yo estoy bien. Te escribo esta carta para decirte que ayer terminé el retrato que te prometí. Como bien sabes, no te llego ni a la suela de los zapatos en lo que a talento para la pintura se refiere. En verdad no comprendo por qué me encargaste a mí el autorretrato... No hay manera de que esto pueda engañar al profesor Hain. No te lo digo como reproche, lo que quiero decir es que, como ya estás descansando en casa, no te preocupes por pequeñeces como los deberes. Yo los entregaré por ti, ¡por eso soy Blanca, el alma bondadosa, como dijiste! El profesor Hain dice que la esencia de un autorretrato es preservar la autenticidad, pero ahora que tengo el pincel en mi mano, no sé cómo plasmar la realidad de tu enfermedad. Después de mucho pensarlo, decidí pintar una versión completamente sana de ti: un cuerpo saludable que no se canse sin importar cuánto pintes, una mente que no duela por mucho que divague, y la fuerza suficiente para emprender largos viajes y ver el mundo... Todo esto te lo pinto a ti. Ahora veo que realmente fui muy previsora. Gracias a este dibujo, cuando te cures y vuelvas a la escuela, te reconoceré antes que nadie. Sin embargo, ayer me pasó algo extraño: ¡creo que vi a alguien en la escuela que se parecía mucho a ti! Se lo conté a Patty, Lila y las demás, y todas me dijeron que aún estabas convaleciente. Y encima se rieron de mí: "Blanca, Blanca, ¡algo raro te pasa!". En ese momento, de verdad deseé que estuvieras aquí. Si hubieras estado, seguro que te habrías apoyado la barbilla en la mano y habrías pensado seriamente en una solución para mí. No sé qué es esa cosa exactamente. Parece un fabulae, pero también podría ser una alucinación por quedarme despierta pintando hasta tarde. En fin, no hay mucha gente que me creería, pero tú sí, por eso te escribo en secreto. Por favor, no te rías de mí ni pienses que soy infantil. La primera vez que apareció ese tipo, yo estaba en la biblioteca. Abrió la puerta y se sentó en el asiento más cercano a mí, el que está junto a la ventana. ¿Todavía lo recuerdas? Nos pasamos todo un verano madrugando y luchando por ese asiento porque, en el calor sofocante del verano, el canto de las cigarras y la brisa fresca solo entraban por ahí. No sé por qué te esforzabas tanto, si de todos modos no te podía dar el viento, así que al final siempre era yo quien se sentaba allí. Después lo vi en la cafetería, en el campo de deportes y en los pasillos. A decir verdad, empecé a sospechar que quizás fuera un fabulae creado a partir de mi dibujo, porque se veía muy saludable y como si tuviera muchos amigos... Exactamente igual a como lo imaginé cuando lo pinté. Pensé que me alegraría, o mejor dicho, de hecho me alegré. Pero además de eso, me entró algo de pánico. No me atreví a acercarme a saludarte, porque de repente me di cuenta de que no sabía cómo volver a acercarme a ti al verte así, como si te hubieras convertido en una meta inalcanzable... Al fin y al cabo, solo soy Blanca. Nadie más que tú me llamaría "alma bondadosa". Pero deseo de todo corazón que te recuperes, que te recuperes por completo y dejes atrás ese cuerpo enfermizo. Desde el principio, eres un genio del arte que merece la admiración de todos. La última vez que lo vi fue ayer por la noche, justo en el paseo de los ginkgos por donde tú y yo también solíamos caminar. Desapareció donde las hojas eran más espesas, donde no llegaba la luz de la luna, como si nunca hubiera estado ahí. Me recordó el día que te fuiste de la escuela. Las despedidas que hacías siempre eran muy raras: que si hace muy buen tiempo, que si oscurece muy pronto, que si la luna está preciosa esta noche... Olmo, en realidad en aquel momento lo único que quería escuchar era cuándo ibas a volver. Por cierto, ¿por qué estabas tan enojado antes de irte? ¡¡¡Ya estoy leyendo más como me dijiste!!! Postdata: Sobre ese tipo, más tarde fui a preguntarle al profesor Hain, quien abrió los ojos de par en par y dijo: "Puede que hayas creado un fabulae de verdad". Por el Señor de las Risas, seguro que estaba bromeando. ¡Si yo siempre he sido de las últimas de mi clase! Por cierto, ¡no puedo creer que no me hayas dado ninguna forma de contactarte! Dejé la carta en tu cajón. Léela cuando te recuperes. Blanca, clase 7 de tercero

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