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Carta de renuncia de Bragi

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Carta de renuncia de Bragi

Una carta que los Bufones encontraron en una botella a la deriva tras la desaparición de Bragi. Tiene un elegante lacre y aroma a perfume. A todos los Bufones de la taberna: Yo, Bragi, renuncio oficialmente a mi puesto de cantinero a partir de hoy. Desde siempre, muchas personas han codiciado el puesto de cantinero. Después de todo, además del mismísimo Aha, ¿quién podría resistirse a la tentación de esos chistes antiguos que reposan en las bodegas? Sería como poner a un mono a vigilar un huerto de duraznos o a un grupo de insectos a cuidar un jardín de flores. ¿Y quién no querría esconderse detrás de la barra para observar en silencio a sus colegas haciendo el ridículo, como los antiguos bathianos que contemplaban con risitas burlonas a los homúnculos embotellados y aturdidos en sus teatros? Ya sea Cosmodisea, un duelo de chistes o un combate a puñetazo limpio con las mesas como ring, desde hoy el puesto de cantinero de El Fin del Mundo, el bar que conecta innumerables mundos, queda a disposición de quien logre hacerse con él. No creo que sea necesario compartir con ustedes los motivos de esto. Si las bromas de un Bufón se explican, sería como si en una novela de misterio revelaran el desenlace al principio. Se estropearía la diversión tanto del autor como de los lectores, ¿no les parece? Pueden asumir simplemente que, de tanto estar de pie, me dio un calambre y tuve que buscar un lugar tranquilo y apartado para descansar. Ahora que las cosas han llegado a este punto, recuerdo a los Bufones que ya no volverán. La señora Dorothy siempre pedía un cóctel llamado Viejos recuerdos, preparado con las lágrimas de los Plañideros, las leyendas de un antiguo reino y una pizca de sonrisa amarga. Dicen que vendió el 51% de interacción fuerte de un planeta, y ahora quienes la persiguen podrían llenar cien tabernas. El Pastor de la máscara rota, un viejo camarada mentiroso empedernido a quien le encantaba el brillo negro purpúreo destilado de la muerte y las baladas de amor trágico. Incluso a mí me costaba distinguir si lo que decía eran mentiras o verdades que me parecían sospechosas. También estaba mi viejo amigo Aunno... Creo que la gente joven ya casi no recuerda al más exultante de los Bufones. ¡Dicen que hasta el mismísimo Eón cayó en una de sus bromas! Algunos aseguran que después de escuchar los treinta billones de chistes que existen en el universo, dejó de reírse, pero eso fue solo porque los Bufones de la taberna son demasiado aburridos para hacerle gracia. Antes de desaparecer, se despidió de mí con gran solemnidad. Iba a ir al verdadero Fin del Mundo para comenzar un viaje completamente nuevo. En aquel momento, me contó un chiste que ahora yo también quiero compartir con todos los oyentes, lectores y espectadores. "Mira cómo es la taberna ahora. Sin importar cómo decaiga todo afuera, mientras te refugies aquí, estarás a salvo. La Exultación debería haber sido más magnífica y esplendorosa, pero los Bufones no pagaron el precio correspondiente a sus bromas. Detrás de sus risas, solo veo la fealdad y la podredumbre que trajo la segunda prosperidad". "¿No te parece que, comparados con el mundo exterior, estos tipos que ni siquiera saben de qué se ríen son el chiste más grande del universo?". El excantinero Bragi

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